«Por su humor, encanto y simpatía, Quemil Yambay es una síntesis del paraguayo de tierra adentro»
El folclore paraguayo despide a una de sus voces más auténticas y queridas: Quemil Yambay. Al respecto, el poeta, periodista e investigador Mario Rubén Álvarez ofreció un emotivo retrato del artista, destacando su irrepetible personalidad y su profunda conexión con la identidad nacional.
«Para mí, Quemil Yambay es una síntesis del paraguayo de tierra adentro: rápido para leer el momento, con humor, con simpatía, con un encanto especial para llegar a la gente”, expresó Álvarez al recordar la esencia del cantante, compositor y guitarrista.
El investigador repasó los orígenes del artista nacido en Tupa’orã, departamento de Cordillera. “De niño, para entrar en la escuela, se mudaron a Alfonso Tranquera y ahí desarrolló su infancia. Su papá era turco, eso quiere decir sirio-libanés, su mamá era paraguaya, de apellido Rodríguez. Él se movió por ese universo: por un lado, el de su papá siendo comerciante a veces, y con su sueño musical”, relató.
A pesar de llevar un apellido de origen extranjero, Álvarez subrayó que “si bien tiene un apellido turco, entre comillas, es profundamente paraguayo, conoce bien al paraguayo, a lo largo y a lo ancho del país”.
El talento de Yambay para capturar la vida cotidiana quedó patente en su capacidad de observación. “Era muy atento a observar, mirar y recoger las expresiones populares. Sus imitaciones —ustedes habrán escuchado Pyhare Amanguype, donde imita los animales más raros— eso es un encanto particular de él”, señaló.
Álvarez insistió en que el legado de Quemil es perdurable precisamente por su autenticidad. “Él es irrepetible, él va a vivir con nosotros a través de sus grabaciones, que tiene muchas. Él es un representante de la más genuina tradición de la música paraguaya. Supo amalgamar eso que es muy popular con lo más clásico y lo más escuchado en nuestro país. Por eso va a perdurar”.
Sobre los inicios de su carrera, Álvarez recordó un episodio revelador: “A los 20 años, más o menos, después de salir del cuartel, le dijo a su papá que se iba a buscar la riqueza con su guitarra y se unió con unos amigos suyos, vecinos, Eulalio Iglesias, y se fueron por el mundo. Su papá no creía mucho en su arte al principio, no quería que fuera músico, quería que fuera jugador de fútbol. Después, cuando le dijo el oftalmólogo que no va a poder jugar al fútbol, se dejó del fútbol y se dedicó a la música. Desde entonces él no paró nunca más. Fue autodidacta, intuitivo, ingenioso. La historia de Yambay es la historia de muchos músicos del Paraguay”.
Con estas palabras, Mario Rubén Álvarez resumió el recorrido de un artista que, desde su guitarra y su humor, supo representar como pocos la alma del Paraguay rural y profundo.
