El príncipe caído: Andrés fue detenido por el fantasma de Epstein

El príncipe caído: Andrés fue detenido por el fantasma de Epstein

La detención del expríncipe Andrés en Sandringham sacude los cimientos de la monarquía británica y expone, con crudeza, la fragilidad de una institución que siempre se creyó intocable. El hermano del rey Carlos III, despojado ya de sus títulos nobiliarios, enfrenta ahora la justicia por presunta “mala conducta en un cargo público” vinculada a su relación con Jeffrey Epstein.

El arresto no solo confirma que la sombra del magnate estadounidense sigue proyectándose sobre las élites mundiales, sino que también coloca a la Corona en una encrucijada histórica: ¿puede sobrevivir a la erosión de credibilidad que supone ver a uno de sus miembros esposado? La frase del primer ministro Keir Starmer —“nadie está por encima de la ley”— resuena como un golpe directo al corazón de la realeza, que se ve obligada a rendir cuentas en un escenario de escándalo global.

La caída de Andrés es más que un episodio judicial: es un símbolo del derrumbe de privilegios heredados, un recordatorio de que incluso los muros de palacio no bastan para ocultar las grietas de la impunidad.

Adolfo Núñez

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